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Viernes 19/08/2022
 

Almería

El Obispado debe pagar 1,8 millones en 2022 para amortizar una deuda de 28 millones

La deuda con las entidades financieras le obliga a abonar 0,9 millones de euros "solo de amortización de capital de la deuda directa"

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  • Dinero.

La Diócesis de Almería debe hacer frente en 2022 al pago de 1,8 millones de euros de acuerdo al calendario de amortización de una deuda que asciende a 28,6 millones de euros y que mantendrá, en principio hipotecado, su futuro hasta el año 2051.

El diagnóstico financiero elaborado por la consultora Deloitte a instancias del actual obispo, Antonio Gómez Cantero, tras tomar el relevo a Adolfo González Montes, indica que, en el presente ejercicio, la deuda con las entidades financieras le obliga a abonar 0,9 millones de euros "solo de amortización de capital de la deuda directa".

A esta cantidad, según precisa en un comunicado la diócesis, hay que añadir el pago de la deuda indirecta y los intereses financieros de estos préstamos, por lo que el "importe total" se eleva a 1,8 millones de euros.

El Obispado informa de que la auditoria para conocer la situación financiera y de tesorería, y que se ha centrado en el periodo comprendido entre el 1 de enero de 2010 y el 31 de diciembre de 2021, concluye que cuenta con una caja de 0,9 millones de euros, frente a una deuda total por importe de 28,6 millones de euros.

El desglose señala que 23,9 millones se corresponden con deuda directa --hasta 18 millones de euros-- e indirecta --5,9 millones de euros-- con entidades financieras mientras que el resto, unos 4,7 millones de euros, se corresponde con otros pasivos financieros.

La auditoria concreta que la deuda indirecta con entidades financieras corresponde a deuda de diversas parroquias garantizada por el Obispado y "que, en su mayoría, ya está siendo asumida".

Sobre el origen de la deuda acumulada con Adolfo González Montes como obispo de Almería, el comunicado afirma que ha sido generada, "principalmente, debido a las inversiones llevadas a cabo en los activos del Obispado que se llevan 12,6 millones de euros.

El apoyo de parroquias con necesidades de caja ha supuesto un déficit de 4,7 millones de euros. Mientras, según remarca la diócesis de la que ahora está al frente Gómez Cantero, "cubrir las necesidades operativas de caja por incrementos de determinados gastos corrientes como reparaciones y mantenimiento y los gastos por retribución al personal seglar" han ascendido "en el período analizado" a 6,3 y 11,1 millones de euros, respectivamente.

Ante la situación financiera, la consultora Deloitte propone un plan de acción para poder hacer frente a las amortizaciones de deuda en el corto plazo con entidades financieras que pase, según las recomendaciones, por un "plan de reestructuración de deuda".

El Obispado almeriense afirma que la medida incluye un "plan de desinversión de activos no estratégicos" o de "rentabilización vía alquiler" si bien no precisa cuáles y qué modo, así como realizar una "reestructuración del gasto actual del Obispado mediante un control exhaustivo del mismo y una revitalización de los ingresos actuales de la organización".

Antonio Gómez Cantero fue nombrado coadjutor de Almería en enero de 2021, si bien en mayo asumió las funciones diocesanas por decreto del Papa Francisco para "proveer el gobierno" de la Iglesia "en circunstancias peculiares". En este se le atribuían "exclusivamente los derechos, oficios y facultades" que competen de acuerdo a la normal legal al Obispo Diocesano.

Poco después, el todavía obispo de la diócesis almeriense Adolfo González Montes, ante las críticas, defendía como "fructífera" gestión y lamentaba el "sufrimiento" que se le "ha infligido" por "rivalidades y envidias" en el marco de una homilia por el aniversario de su consagración episcopal.

Afirmaba que en el discipulado de Jesús "no cabe rivalidad movida por el deseo de poder, y el manejo que manipula y subyuga sometiendo incluso por acoso y derribo para que cuanto peor le vaya a mi hermano, mejor me vaya a mi" y reprochaba las "desacreditaciones y descalificaciones" que achacaba a la "envidia ante los logros".

"Las rivalidades y las envidias han sido causa de muchos sufrimientos para mi como para tantos hermanos", trasladaba para aludir a que esas prácticas se deberían a la "necesidad" de "eliminar los obstáculos que impiden el protagonismo en exclusiva".

González Montes concluía reivindicando sus 19 años ç"de generosa dedicación sin reservas", años "fructíferos de cambio muy profundo de las condiciones" de una Iglesia diocesana que, a su llegada, requería "estructuración" y también "consolidación espiritual y material".

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