Moneda de cambio

Publicado: 15/09/2022
Autor

Juan Antonio Palacios

Juan Antonio Palacios es observador de la conducta humana, analista de la realidad y creador de personajes literarios

Curioso Empedernido

Curioso empedernido. Curioso de las tres pes, por psicología, la política y el periodismo, y alérgico a las fronteras y murallas

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Casi todo se compra y se vende, por lo que le colocamos un precio, y no solo hablamos de lo material
No piensen que voy a largarles un rollo sobre la situación bursátil de las diferentes divisas, sus fortalezas y debilidades, no voy a castigarles sobre las subidas y bajadas del dólar en sus diferentes versiones comenzando por el americano, la libra esterlina, el franco suizo, el yen japonés, el yuan chino, el rublo ruso, el real brasileño, el peso mejicano, la rupia india o el won coreano entre otras muchas monedas. O plantearles un estudio sobre las debilidades y fortalezas del euro.

Casi todo se compra y se vende, por lo que le colocamos un precio, y no solo hablamos de lo material, también, desgraciadamente, hay quien coloca en el mercado sus ideas emociones y sentimientos, y se convierte en mercenario o moneda de cambio para el mejor postor de las subastas que no paran en la ruleta de ese gran casino de la vida.

Entre la nostalgia y el apocalipsis, los mercaderes intentan paralizarnos y anestesiarnos en los recuerdos y refugios del pasado o meternos en la batidora del caos presente, sin saber muy bien hacia donde vamos ni cuales es el verdadero sentido de nuestras vidas y nuestras expectativas de futuro son tormentosas y oscuras.

Pero ante esta manipulación permanente en la que nunca termina de llegar nuestro momento, porque aunque parezca lo contrario no decidimos, y nos hacen competir constantemente unos con otros para hipnotizarnos, y que no nos demos cuenta de lo que realmente está pasando delante de nuestras narices. Hemos de rebelarnos y no podemos quedarnos en “esto es lo que hay”.

Ni individualmente como personas, ni colectivamente como humanidad, hemos de reaccionar con indiferencia, como si no fuera con nosotros, que no nos impongan los términos y condiciones de nuestras vidas, que siempre hay alternativas mejores, que no somos números de una gran estadística ni solo clientes de este gran cambio de moneda en el mercado del mundo.

Quienes no tienen código de conducta ni empatía por los que les rodean, se creen los dueños del mundo, y poseedores de un botón que aprietan o hacen girar para elevar o bajar la atención a su antojo, o gozan con todas aquellas actuaciones que hagan sufrir a los demás, son el peor sentido de la palabra, malos,

Estos mismos autócratas en su megalomanía desean controlarnos en todo, y dirigirnos hacia donde ellos quieren como si fuéramos piezas o fichas en un tablero, y en su deporte favorito de enredarlo todo, no dejan titere con cabeza, porque cada vez están más solos.

Hemos de conquistar y ejercer cada día nuestros derechos y libertades y no convertirnos en moneda de cambio de nada ni de nadie, porque en contra de lo que sostenga, piense y expresa don Mario Vargas Llosa, nosotros sabemos votar, no necesitamos que nadie nos indique como hacerlo ”bien”.

Podemos dudar y es deseable para llegar al conocimiento de cualquier saber, lo que no debemos es titubear constantemente en nuestras decisiones, ya que si no daremos la impresión de ser muñecotes de un teatrillo o títeres manejados por manos extrañas y sin criterio.

Hay influencias que nos cambian y cuestiones que transformamos, equilibrios que mantenemos y normalidades que alteramos. Lo importante es que no nos encasillen, escriban nuestra historia o intimiden con amenazas, como paquetes o mercancías sin alma ni criterio, como monedas de cambio que cada día tiene el valor que interese.

Hemos de defender lo que pensamos, sin ser dogmáticos, intolerantes e intransigentes, sino con nuestra mente abierta y dispuesta para aprender en todo momento.

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