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Miércoles 29/05/2024
 

Almería

Prisiones que abren sus puertas a la universidad

La actividad docente de los profesores de estos centros llega también a sitios tan inesperados como una prisión

Cuando piensa en la universidad es fácil visualizar un campus lleno de facultades con aulas convencionales, aunque la actividad docente de los profesores de estos centros llega también a sitios tan inesperados como una prisión, donde los internos se forman gracias a una variada oferta y a los cursos de verano.

Esta misma semana el centro penitenciario ‘El Acebuche’ de Almería ha acogido el curso de verano 'Las imágenes que nos engañan: arte, cultura visual y publicidad como herramientas de persuasión social', organizado por la UNED, dirigido por la profesora Gabriela Topa y coordinado por el profesor Ángel Pazos.

El director de la cárcel almeriense, Miguel Ángel de la Cruz, explica a EFE que una de las labores más importantes de las instituciones penitenciarias es "ser facilitadoras de oportunidades de desarrollo personal” a las personas reclusas, y destaca que la educación es la mejor “plataforma” para que aprendan a “abordar el mundo libre”.

Por ello, a la “educación convencional” como la Primaria o la Secundaria, se ofrecen distintos grados a través de la UNED. “Llega un momento en que la actividad docente se reduce en verano y para eso tenemos una alternativa valiosísima, que son estos cursos de verano “, dice De la Cruz.

Cursos como éste que “aborda un ámbito de percepción que todos los ciudadanos tenemos un poco oculto”, aunque para él lo más valioso es que los reos ven incrementada su “percepción de protagonismo”. “Un centro penitenciario tiene que tener también una función de apertura al exterior y tener la percepción de que forma parte del colectivo social”, incide.

El profesor Ángel Pazos -de la UNED y la Complutense de Madrid- considera, por su parte, que actividades como ésta “devuelven a los profesores de la universidad mucho más” de lo que esto pueden ofrecer. “Parece que la universidad está en una burbuja, pero el efecto de traer a un profesor aquí le supone una devolución emocional”, asevera.

Algo que le permite al docente dejar atrás “estigmas, prejuicios e ideas preconcebidas”, ha destacado Pazos, quien ha abundado en que “cuando uno sale, se queda maravillado, contento y con un eco, en muchos casos, superior al que tiene con los propios alumnos de la universidad”.

Coincide con él Ana María Cuesta, una de las profesoras de este curso de verano e investigadora en la Complutense de Madrid, que insiste en esta idea: “Siempre decimos que la universidad es una burbuja. Muy bonita, pero una burbuja. Al final, cuando trabajas con otros colectivos, con otro en otros lugares, esa burbuja es como que explota”.

“Te das cuenta que estás en tu ecosistema, pero que hay vida mucho más allá. Siempre nos llena mucho de satisfacción llegar a otro lugar y de repente darte cuenta de que lo que haces en tu universidad, lo que investigas, lo que haces en tu despacho, de repente interesa a alguien más que a ti, que tiene una proyección real”, ha resaltado.

EL CURSO DE VERANO

Pazos explica que la UNED lleva “prácticamente desde el comienzo” colaborando con Instituciones Penitenciarias con un “intenso programa de actividades” culturales y formativas y, de hecho, es la universidad que examina en los centros penitenciarios, pero también desde hace años lleva sus cursos de verano a las prisiones.

En el caso del curso de ‘El Acebuche’, en el que también han podido participar personas del mundo libre, apunta que uno de los objetivos es acercar a los asistentes el mundo emocional, y por otro lado darles una aproximación a la cultura visual y artística.

También se pretende que conozcan “ese engaño al que a veces estamos sometidos con las imágenes a través de la publicidad, de la televisión, incluso a través de los medios, y entrenarnos para detectar posibles engaños, posibles intenciones subliminales”, apostilla.

La profesora Cuesta señala que en su caso les traslada “el mundo del color, del simbolismo”, algo que espera les sirva para “abrir los ojos, sobre todo en el mundo del arte”.

“Todos tenemos emociones, todos conectamos de alguna manera y ellos también. Esa es la parte que quiero que vean, que todos podemos entender el arte de una manera cercana y que ellos, aún estando aquí, pueden hacerlo y pueden entenderlo a su manera, igual de válida que la de un catedrático o un profesor de universidad”, concluye. 

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