Ana María dio a luz el referido día sobre las doce de la noche. Le comentaron que su niña había nacido bien, con cuatro kilos, y era preciosa. Sin embargo, a las pocas horas le llegaron con la noticia de que su bebé había fallecido. El padre, José Rebollo, pidió ver a la pequeña y le mostraron a una niña que estaba en una cámara frigorífica.
“Ya no la volvimos a ver más. Ni cuando la enterraron ni cuando la metieron en la cajita. Cuando llegamos a la puerta de atrás del Hospital, estaba ya metida en el coche. Cuando yo la cogí después en el cementerio, la cogí con las dos manos pensando que iba a pesar algo más, pero pesaba muy poco. Fue algo que me extrañó”, cuenta José. También fue anómalo que enterraran a la niña en la fosa común, cuando la familia tenía el seguro funerario y toda la documentación en regla. “Y mi niña no era un feto porque había nacido”.
Sobre la muerte no ofrecieron muchas explicaciones a la familia. Sólo les dijeron que la niña había fallecido por asfixia. Ahora, este matrimonio busca la verdad. “Han pasado 38 años y la verdad es que yo me he creído todo siempre, pero después de todos los casos que han aparecido, nos han entrado las sospechas”, relata el padre, que ha solicitado documentación al registro del cementerio, al igual que también ha pedido el historial clínico de su mujer. También está pendiente de recibir del juzgado un certificado de legajo.
Con todos los datos en la mano, la familia Rebollo Barranco seguirá con una investigación. A Anadir, la asociación que está moviendo los numerosos casos que están apareciendo, pertenecen desde prácticamente el nacimiento de dicha organización. “Estamos encontrando muchos apoyos y queremos saber lo que pasó con nuestra hija”.