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Martes 03/08/2021

Curioso Empedernido

El camino largo

De manera sincera y auténtica debemos prestarles más atención a aquellas cosas que merecen la pena

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  • Juan Antonio Palacios.

Podemos hacer de nuestro paso por esta película de la vida, un camino largo, sufrido y tedioso, o un episodio que nos resulte  alegre, feliz y divertido, por las noticias que recibimos, por ser protagonistas de lo que nos ocurre, por respirar libertad de expresión por cada poro y vencer a la censura con cada segundo de nuestra  actitud, con la maestría de saber abrir y cerrar el grifo entre el trabajo y el descanso.

Sabernos dar con cada instante el pequeño lujo de disfrutar de lo visto , lo oído y la buena compañía, haciéndonos que sintamos curiosidad y todo nos parezca interesante, sabiendo encontrar las nuevas sorpresas y dejar a un lado las viejas urgencias.

De manera sincera y auténtica debemos prestarles más atención a aquellas cosas que merecen la pena. Tener claras nuestras ideas y entender los motivos de los demás. Con nuestro sentido del humor debemos procurar alegrar a aquellos que están tristes. Ese camino, aunque parezca más largo nos aporta una agradable sensación de generosidad.

Recorriendo paso a paso nuestros caminos, nos sentimos fuertes ante la adversidad, acumulando fuerzas y superando los agotamientos .En algunas etapas adquirimos algunos compromisos que nos apetece cumplir. Debemos ser fieles a lo que nos habíamos propuesto, y no colocarnos en una situación de huida permanente. 

Cuando nos ataca el malhumor nos agrede mentalmente, afecta a nuestro equilibrio y terminamos estigmatizando mitos y costumbres: No estamos para juegos y experimentos, segregamos lo no segregable, maldecimos elucubraciones y bendecimos inventos.

En una actitud ineludible, ganamos capacidad de maniobra, fabricamos pensamientos mágicos, y emprendemos un andar  que vislumbramos cual es el comienzo de la ruta, pero a la que no le vemos nunca el final  y nos preguntamos una y otra vez ¿Qué nos espera? ¿A quién le seguiremos importando? Y entre ruidos, matices y contradicciones nos respondemos una y otra vez, “A quien siempre nos ha querido por muy mal que nos fueran las cosas”

No nos empeñemos en dar la razón por costumbre, es mejor que expongamos respetuosamente lo que pensamos, tampoco nos empecinemos en cambiar por significarnos, los nombres de las cosas y las personas, con tal de llevar la contraria.

Hay quienes cuando no les interesa hablar se imponen el camino largo y adoptan la ley del silencio, siguiendo la premisa de “Si no somos capaces de decir algo bueno, es mejor que no digamos nada”. Entre encuentros y desencuentros, grupos y multitudes, buenas y malas gestiones. Las amenazas siempre son de los otros, cuando no nos miramos al espejo.

Valoramos el dejar de hacer  algo que ya ni nos distrae ni nos produce satisfacción y desviamos la atención mirando el dedo, en lugar de aquello que queremos conseguir. Lo importante es que nos queramos y valoraremos más a los demás, distinguiendo las falsedades de las autenticidades, sin estar pendientes de las sanciones y los premios.

Las  ambiciones sin límites pueden ser peligrosas, seamos realistas y consolidemos lo que tengamos. Es deseable emprender nuevas iniciativas, saber manejar, cuando sea necesaria la cultura de la cancelación. Nos encontramos en el camino, que se nos hace más largo,  entre desesperados y desesperantes, retornos eternos y salidas interminables.
                            

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