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Martes 03/08/2021

Curioso Empedernido

El laberinto de la estupidez

Desgraciadamente el desequilibrio los lleva a no distinguir sus deseos de sus proyectos, y se plantean objetivos que jamás podrán alcanzar

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  • Juan Antonio Palacios.

Por inclinación o error hay una cierta vocación de estupidez por parte de algunos miembros de la comunidad.  De la mano de iconos y modelos de masa, hay quienes caen atrapados en una especie de anestesia individual y colectiva, que les impide conocer y reflexionar en profundidad y sentir con lo que les rodea.

Donde tiene un mayor y mejor reflejo está situación es en el conocimiento de las propias emociones, en ser capaces de mantener el equilibrio sabiendo controlarlas, y en el sentido positivo no dejándose arrastrar y ser capaces de motivarse a ellos mismos y reconocer y respetar las emociones ajenas, sabiendo administrar adecuadamente las relaciones.

Desgraciadamente el desequilibrio los lleva a no distinguir sus deseos de sus proyectos, y se plantean objetivos que jamás podrán alcanzar, situándose casi siempre fuera del plano de la realidad sobre cómo funciona el mundo y lo que podemos esperar de él, y perdiendo la confianza en nosotros mismos y nuestra   capacidad para enfrentarse a los problemas.

Cada vez tienen las cosas menos claras y se enredan en un laberinto de la estupidez del que les resulta imposible salir, y esta conducta puede ocurrirles hasta   a los más inteligentes que pueden llegar a comportarse de forma ridícula, y se contaminan de los prejuicios que suelen afectar a quienes son estúpidos sin ningún género de dudas.

Lo más peligroso que puede ocurrirles a algunos para colocarse cerca de la estupidez, es pensar que los demás son mucho más idiotas que ellos, una cualidad que, a medida que dichas personas ascienden en la escala social parece acentuarse. 

También hay acciones que despiertan, el miedo, la polémica e incluso en ocasiones la irresponsabilidad. Sin ir más lejos, la obligada utilización de la mascarilla como consecuencia del COVID 19, nos muestran según el momento y nuestra forma de comportarnos se pueden convertir en un perfecto test de estúpidos. 

No son conscientes que la suma entre la estupidez y el cretinismo por presumir de no llevarla, resulta catastrófica, porque los convierte en los campeones en el número de contagios y muertos. Este tipo de individuos los hay en todas las tramas de edad y hay que repetirles una y mil veces que, si no rompen la cadena, nos perjudican a todos, y que al llevarla puesta muestran respeto y sentido de ciudadanía, pero si no lo hacen es una muestra de egoísmo e insolidaridad.

Hay creencias que algunos sostienen como dogmas que son disparatadas, otras que son erróneas y las hay perversas, lo que cuando se mezclan las tres generamos en nuestro alrededor una gran desconfianza y un gran fracaso de nuestra inteligencia social que nos demuestran que, aunque lo creamos hay muchas cosas que no conocemos, otras que no somos capaces de sentir o no tenemos las habilidades suficientes para hacer.

Con los años y nuestra experiencia nos damos cuenta que los males de la ignorancia se curan, mientras que los de la estupidez nos acompañan hasta el final de nuestros días. Saber percibir los acontecimientos y los personajes que los protagonizan, nos ayudan a ver y reflexionar, y nos hace más libres para hacer aquello que quisiéramos y actuar según nuestro estilo y a nuestra manera.

Si no queremos caer con facilidad en la estupidez, hemos de poner toda la atención e hincar más los codos, colocando una ancha raya entre nosotros y los capullos y los energúmenos, y tener una visión positiva para situarnos en el espacio en el que lo que podamos conseguir  sea siempre más que lo que podamos perder, y hagamos que nuestros sones y compases le ganen  la partida a los olvidos y silencios.
             

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