Trafalgar: del pleistoceno a la actualidad. La historia se concentra en un solo Cabo

Publicado: 05/07/2022
En el Cabo de Trafalgar se concentran miles de años de historia y un enorme potencial arqueológico. Desde la UCA se trabaja en su puesta en valor
Que el Cabo de Trafalgar es un paraíso, nadie lo duda. Ya lo sabían los uros, una especie de enormes mamíferos bóvidos cuyas huellas fosilizadas han sido halladas en la dicha zona y que datan de hace unos 106.000 años. Uros que coexistían con los neandertales. De hecho, también está en estudio una huella hallada en Trafalgar que posiblemente perteneciera a  dicho homínido.

Sí que está confirmada la existencia de una necrópolis megalítica de unos 4.000 años de antigüedad. También restos romanos de una fábrica de salazones, una villa y unas termas, así como dos tumbas visigodas posteriores, una torre del siglo XVI, amén de ser el epicentro de la Batalla de Trafalgar.

“Es impresionante, tenemos más de cuatro mil años de historia concentrados alrededor del Faro de Trafalgar… a lo que debemos añadir las huellas de bóvido que pertenecen al pleistoceno”, señala no exento de emoción Juan Jesús Cantillo Duarte, arqueólogo, doctor en Prehistoria, investigador y personal docente en la Universidad de Cádiz.



Cantillo es un apasionado de la historia. Suyo es el diseño museográfico y museológico del Museo de Historia y Arqueología de Vejer. Diseñó el continente y el contenido. Un proyecto que asumió en 2014 y que tras cinco años de arduo trabajo ha logrado un espacio con trece salas donde se representa todas las etapas históricas de Vejer desde hace medio millón de años hasta la actualidad.

También se encargó del expediente para la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) del sorteo de las Hazas de Suerte de Vejer, y coordina en la actualidad el proyecto para que las hazas de Vejer y Barbate sean declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Cantillo, apasionado por la historia

Su pasión por la historia le llevó a estudiar dicha carrera en la UCA en el año 2000. Tras un primer año y un gran expediente en la asignatura de Prehistoria, el catedrático de dicha área,  José Ramos Muñoz se fijó en él y al año siguiente se lo llevó a una excavación sobre el neolítico en Chiclana, cerca del cementerio mancomunado.

Tras esos tres días de trabajo de campo, “supe que la arqueología y la prehistoria eran lo mío. Todo ese mundo me apasionó”. A partir de ahí “me fui especializando” y en 2012 se doctoró con una tesis sobre la explotación de los recursos marinos en el Estrecho de Gibraltar.

“El trabajo de campo, investigar, escribir, el laboratorio… todo eso me encanta”, explica Cantillo, quien centró parte de su especialización en la malacología, es decir, en la explotación de los moluscos. “Hallamos fragmentos de lapas en estratos datados en 300.000 años”, cuando se suponía que los más antiguos eran de unos 100.000 años.

Y es que forma parte de una tendencia arqueológica que amplía las especialidades más allá de lo monumental y lo material, diversificándola “con equipos interdisciplinares que trabajan conjuntamente en un yacimiento, cada uno en su especialidad, para luego unir los informes y sacar conclusiones sobre cómo vivían en la época que se esté estudiando”.

Cádiz, mucho más que trimilenaria

Un amante de la historia que nace en la provincia ideal para desarrollar su pasión. “Cádiz trimilenaria se queda corto. En la ciudad de Cádiz hay evidencias de poblaciones desde el paleolítico. Y la provincia es de las más ricas cuando hablamos de patrimonio, historia y arqueología”. Y es que la provincia “contaba con todos los recursos. Era puerto de entrada al interior. En la necrópolis del campo de hockey de San Fernando han aparecido restos de ámbar de hace 6.200 años procedentes de Sicilia… es decir, había comercio e intercambio, por lo que hablamos de sociedades más complejas de lo que nos imaginábamos”.



Y llega el proyecto en Trafalgar

En marzo de 2021 los profesores Darío Bernal Casasola y José Juan Díaz Rodríguez del área de Arqueología de la UCA, especializados en el mundo romano, iniciaban el proyecto Arqueostra en Trafalgar. Un objetivo era excavar unas piletas que se conocían o se intuían que estaban en la zona para ver la funcionalidad de las mismas como fábrica vinculada a la explotación de los recursos marinos, sobre todo con la ostricultura. Otro objetivo era excavar en unas estructuras romanas cercanas, en la playa de Marisucia.

Pero claro, cuando comenzó a emerger de las dunas mucho más de lo esperado, “lo que eran dos actividades puntuales se ha convertido en un proyecto brutal en el que llevamos dos años trabajando y con perspectivas de futuro” y que abarca mucho más que la presencia romana.

Cerámica prehistórica y una tumba

Cuando excavaban las piletas, para ver qué especies se usaban en la elaboración de garum y la salsamenta, hallaron una acumulación de conchas y debajo de ellas aparecieron restos de cerámica a mano, es decir, cerámica prehistórica. “Nos llamaron (a Cantillo junto al catedrático José Ramos y el profesor Eduardo Vijande)  para saber si nos interesaba, y aceptamos ir”, y fue entonces cuando se constató que la cerámica pertenecía a una época entre el segundo y el tercer milenio antes de Cristo.

Ya en la zona, “Eduardo me dijo que Pepe Ramos realizó toda la carta arqueológica de la banda atlántica entre San Fernando y Tarifa,  que ya había localizado cerámica en superficie y además hablaba de una serie de piedras que podrían ser tumbas. Así que fuimos a verlas”.



“Fuimos todos y coincidimos en que tenían toda la pinta de ser tumbas. Eran dos piedras haciendo esquina y una especie de tapa, según se sube al faro a la izquierda.  Así que decidimos excavar aprovechando el permiso que ya teníamos”, rememora Cantillo.

Dicho y hecho. A las dos semanas regresó con alumnos del máster que impartía, aprovechando que tenían que hacer prácticas de catas prehistóricas. “Les propuse ir para hacer una pequeña cata y de paso viesen cómo se trabaja realmente”… y claro, ellos encantados. En lugar de seis horas estipuladas, “echamos diez”.

Cuadricularon la zona y realizaron un sondeo de apenas un metro cuadrado. Dio positivo. Confirmaron la existencia de cerámica prehistórica, es decir, hecha a mano, antes de la llegada del torno de los fenicios del siglo VIII / IX a. C.

“La cerámica se inventa en el neolítico”, explica Cantillo, y a diferencia de la que se realiza en torno, es más tosca.

Aparecen restos humanos

También hallaron restos de un hueso “que parecía humano”… era, sin duda, una tumba megalítica, tal y como se confirmó a la semana siguiente ya con el equipo de arqueología al completo y que llevó a cabo una excavación más amplia. Primero se documentó el túmulo, bajo el cual había un corredor con lajas de un metro de ancho por uno de alto, “colocadas verticalmente formando un pasillo” que conducía a “una cámara donde se realizaba el enterramiento”.

Una cámara excavada en una laja, como una covacha, cubierta también de lajas y sobre éstas pequeñas piedras amorfas que formaban el túmulo o cubierta en forma de cúpula “para que se viese de lejos por una cuestión de apropiación del territorio… en plan, esta es mi zona porque aquí están enterrados mis ancestros”.



Tras quitar el túmulo aparece el corredor y la cámara. “En el corredor hablamos restos humanos en forma de osario de unos 7 ó 8 individuos. Y en la cámara uno en posición anatómica”.

¿Qué significa? “Manejamos la hipótesis de que la tumba se fue abriendo y cerrando con el tiempo. Primero colocan a un individuo en la cámara, luego lo sacaban, lo ponían en el pasillo para colocar a otro en la cámara y así sucesivamente, como un panteón o nicho familiar actual donde se mantiene esa práctica”, explica.

De hecho se han realizado dataciones con carbono 14 y todo hace indicar que el individuo de la cámara es más reciente que los que se hallan en los pasillos, con una diferencia de algo más de cien años, los que estuvo activa la tumba, entre el año 1.600 y el 1.800 a.C.

Otro hallazgo fueron los ajuares “riquísimos”, como un pendiente de oro, unas cuentas de collar de plata, otras verdes de calcita o talco, y un peine de marfil. En los trabajos posteriores de laboratorios se están realizando análisis para saber la procedencia de la plata y del marfil.



Y como dato curioso, todos los individuos hallados eran mujeres adultas menos una niña.

Enorme potencial arqueológico

Paralelamente a estos descubrimientos, el proyecto destapó la presencia de unas termas romanas en la playa de Marisucia… “con lo que se montó un revuelo enorme” con una gran repercusión mediática. Y no es para menos.

“En un espacio tan reducido tenemos tumbas megalíticas, termas y fábrica de salazones romanas, tumbas antropomorfas visigodas del siglo VI, la torre de Mocha junto al faro… el potencial arqueológico que tiene Trafalgar es impresionante. Se puede documentar toda la época desde la prehistoria hasta la actualidad… con la batalla naval e incluso esos bloques enormes que se ven al bajar la marea que fueron arrastrados por el maremoto de Lisboa de 1755”.

Cuando todo esto se puso sobre la mesa, desde la Consejería de Cultura tuvieron claro que el proyecto debería ir a más con un primer paso que es la declaración de BIC, para lo que es necesario la delimitación de todo el área de dispersión de los restos arqueológicos (que se prevé concluya a final de este año). Luego seguir excavando y de forma paralela, ponerlo en valor.

Tapar, cubrir y a la segunda fase

Tras concluir esa primera fase, “todo se tapó y se cubrió por precaución”, para ello se usa una lana blanca, geotextil, a la que se le echa encima tierra normal.

Tras descubrir la tumba megalítica, se realizaron excavaciones al lado de la misma porque “nunca suelen estar aisladas, siempre forman una necrópolis. Pero no se veía nada y las catas fueron negativas”.

Hasta este año cuando Darío Bernal daba un paseo y vio unas piedras sospechosas que salieron a la luz a causa del movimiento de arena provocado por un ‘quad’ (que tienen prohibido circular en esa zona). “Cuando llegué con Eduardo vimos dos piedras que sobresalían unos 20 centímetros en ángulo de 90 grados… limpiamos un poco y aparecieron restos de cerámica hecha a mano”. Eureka.

El equipo volvió y descubrió las piedras del túmulo y más cerámica. Al eliminar la arena de las dunas,apareció el túmulo y debajo del mismo “un corredor precioso de más de dos metros de longitud, formado por los ortostatos (lajas verticales). Al final del pasillo, y no en una cueva artificial como la anterior, apareció la cámara con un pilar central”.

“Es impresionante, mucho más bonita y más compleja que la anterior”, comenta Cantillo. Además, en esta ocasión había un cadáver en el pasillo y seis o siete dentro de la cámara, de ambos sexos y todos como osarios.

Al parecer, la presencia de un pilar puede deberse a que en un momento dado la cubierta de la tumba se desplomó, para lo que sacaron a los muertos, la arreglaron y la volvieron a sellar con un pilar para reforzar su estructura.



Pero lo más importante es que “esta segunda tumba confirma la existencia de una necrópolis. Está a 180 metros de la primera, por lo que entre ambas tienen que haber más”.

Los nuevos objetivos

Ahora vuelve la fase de laboratorio. Practicar el carbono 14 a los individuos, también pruebas de ADN para estudiar sus relaciones parentales y posibles patologías, pruebas de isótopo de oxígeno para que, a través de los huesos, conocer su alimentación y otros hábitos. También están estudiando la cerámica y por supuesto, están realizando pruebas de isótopo de plomo para saber la cantera de procedencia de la plata, así como estudios para saber de qué animal es el marfil del peine y su origen (África o Asia). Esto es importante para “el estudio de las relaciones comerciales y de intercambio en aquella época”.

Y entre los objetivos de cara a una tercera fase destacan los trabajos para localizar más tumbas a través de técnicas no invasivas como el uso de drones  con georadar, y también investigar para hallar “el poblado de donde provenían los muertos”, el cual siempre suele estar cerca, a unos cinco kilómetros de las necrópolis. En la zona hay dos lugares que reúnen los patrones para un asentamiento megalítico, en la meseta de la Torre de Meca y en Zahora.

Y por supuesto, otro objetivo es la puesta en valor de estos descubrimientos, de esta zona que concentra más de cuatro mil años de historia… insistimos, sin tener en cuenta las huellas de Uro del pleistoceno.

Con dinero y sin dinero

Si el dinero no fuese un problema, “lo ideas es que se declare BIC y crear una especie de parque arqueológico, con su perímetro, con un equipo que trabaje en el mantenimiento y la seguridad, otro que continúe excavando… hablamos de una riqueza patrimonial y paisajística descomunal. No hay otra igual en toda España. Reúne todas las condiciones para un parque arqueológico dentro de un paisaje sin igual”.

Pero el dinero sí es un problema, así que los equipos de investigadores que allí trabajan pondrán sobre la mesa varias posibilidades y serán las administraciones quienes decidan qué se hará.

“Estamos buscando un sistema que permita que sea visitado pero que no requiera de un mantenimiento y una vigilancia exagerada”, afirma Cantillo.

La idea es dejar algunas partes al descubierto. Junto a ellos colocar unos paneles con códigos QR para que el visitante pueda entrar en los edificios, ver las tumbas, incluso en tres dimensiones.

Lo que está claro es que “podría atraer a muchos visitantes. Los establecimientos de la zona nos piden que lo pongamos en valor porque ayudaría a desestacionalizar el turismo habitual de sol y playa de esta zona”.

Pero por ahora es imposible que se convierta en otro Baelo Claudia, no por potencial, sino porque requiere de mucho presupuestos y muchas inversiones. Además, debería ser declarado Conjunto Arqueológico, lo que es también complicado… aunque como vemos, en Trafalgar se concentran miles de años de historia de la humanidad. La historia de Cabo a rabo. La historia en un solo Cabo. La historia al fin y al Cabo.

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