No renunciar al pasado

Publicado: 16/03/2022
Autor

Rafael Sanmartín

Rafael Sanmartín es periodista y escritor. Estudios de periodismo, filosofía, historia y márketing. Trabajos en prensa, radio y TV

Patio de monipodio

Con su amplia experiencia como periodista, escritor y conferenciante, el autor expone sus puntos de vista de la actualidad

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A Cadrete, una población cercana a Zaragoza, el Califa “Rex Hispaniae”, Abderramán III, la favoreció con un castillo para protegerse de los ataques de reinos...
A Cadrete, una población cercana a Zaragoza, el Califa “Rex Hispaniae”, Abderramán III, la favoreció con un castillo para protegerse de los ataques de reinos y mesnadas vecinas. Esta distinción fue recordada por el ayuntamiento democrático, en manos de Izquierda Unida, colocando un busto en la plaza vecina al propio edificio municipal. Pero nada más acceder la extrema derecha al poder de forma delegada, la escultura desapareció de la plaza, dónde podían contemplarla vecinos y visitantes y escondida en un almacén, para posteriormente, en respuesta a las protestas, sacarla a una sala en el interior del edificio. Hay en Cadrete y en Zaragoza mucha gente amante de su historia, de su cultura y de la cultura, en general, por eso hubo oposición a la retirada del busto. Y, a pesar de los años transcurridos la oposición no ha disminuido y se hace notar con frecuencia.

El Ayuntamiento ultra se escudó diciendo que le dedicarían un espacio para su exposición acorde con la importancia del personaje, promesa que todavía no ha cumplido ni se le ha visto intención de cumplir, pues -respira hondo y sigue- recientemente, un día antes de celebrarse una moción de censura contra la alcaldesa, la mujer se ha permitido quitarle el nombre al Centro Sociocultural de la localidad y ha borrado las letras lo anunciaban en la fachada.

El partido abascaliano, responsable de estos hechos, debería saber que la historia es parte de la cultura y que no se puede acabar con nuestra cultura y nuestra historia por más que se intente ocultar. El Castillo de Cadrete va a seguir en el mismo lugar, le guste o no a la ultra derecha porque ocultar la historia es el juego más imbécil e inútil que se pueda acometer. Permanece el recuerdo, normalmente escrito; permanece el objeto, en este caso el Castillo. Y cuando un edificio queda reducido a piedras, la civilización busca en el pasado para recuperar y dejar constancia de cuanto es testigo de nuestra historia, aunque sólo quedaran los cimientos.

Negar nuestro pasado carece de sentido y, por más que a la señora alcaldesa le parezca que Abderramán tan sólo era un “moro”, y aunque crea que llegó en patera, nació en Córdoba, hispano, hijo y nieto de hispanos y rey de Hispania aunque no figure entre las estatuas de la Plaza de Oriente para oprobio de la cultura española actual, capaz de considerar a los reyes godos “los primeros reyes de España” y negar su condición de hispanos a todos los hispanos vecinos de las provincias hispanas de al Ándalus, al Garb, y al Musata. Sin embargo, mientras los godos sólo se consideraron a sí mismos “del reino godo de Toledo”, los emires y califas se erigieron en “Rex hispaniae” (reyes de Hispania), así, fueron quienes dieron el nombre a un Estado en la península ibérica y Baleares.

En cualquier caso, como se ha dicho, ignorarla no borra la historia, pero sí da vergonzosa idea de incultura persistente. El castillo sigue en Cadrete, como recuerdo imborrable a la labor constructiva del Rex Hispaniae, Califa Abderramán III quien lo legó para la defensa de la ciudad y hoy subsiste para defensa de la cultura. n

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